El pasado viernes 8 de febrero dos noticias aparecidas
casi simultáneamente en el diario Público me llamaban la atención. La primera
se refería a los ancestros de los mamíferos y la segunda a las evidencias de
que fue un asteroide el causante de la extinción de los dinosaurios. Ambas
noticias pueden relacionarse entre sí y, al mismo tiempo, tener mucho que ver
con los seres humanos.
La quinta extinción
masiva.
Hace unos 65,5 millones de años, marcando el final del
período Cretácico, último de la era Secundaria o Mesozoico, y el principio de
la era Terciaria o Cenozoico, se produjo la quinta gran extinción (desde ahora
extinción K/T) en la que desaparecieron muchos grupos de seres vivos, desde los
dinosaurios –excepto las aves– hasta dos tercios de los foraminíferos
planctónicos, pasando por gran cantidad de otros vertebrados e invertebrados,
como los amonites y belemnites. Sólo las especies más generalistas pudieron
adaptarse a los rápidos cambios ambientales y sobrevivir. Tras la extinción las
aves poblaron los cielos, mientras que los mamíferos, del tamaño de musarañas,
evolucionaron y se diversificaron llegando a dominar los ecosistemas terrestres,
y entre ellos estará, varios millones de años más tarde estará, el ser humano.
La causa de esta extinción más extendida es la de la caída de un gran meteorito
en la Península del Yucatán, quizá la más atractiva a la imaginación.
Teoría impactista.
En 1980 el físico estadounidense de origen
español Luís Álvarez y su hijo y geólogo Walter, junto a los químicos Frank
Asaro y Helen Michel, publicaron en Science
la propuesta de que la extinción K/T había sido causada por el impacto de un
gigantesco meteorito. El equipo aportaba por vez primera observaciones y datos
geológicos que podían ser contrastados. Walter había descubierto diez años
antes en Italia una lámina de arcilla de apenas 1 cm de espesor con un alto
contenido de iridio, precisamente en el nivel que marca la división entre el
Cretácico y la era Terciaria. A partir de entonces se comprobó que esa capa de
arcilla con iridio aparecía por todo el planeta.
Ocurre que el iridio es un metal muy escaso en la corteza
terrestre ya que, cuando la Tierra solo era una bola de magma los minerales más
densos, entre ellos el iridio, se hundieron hasta formar el núcleo y el campo
magnético terrestre. Por lo que si un metal tan escaso en la corteza terrestre
y abundante en algunos asteroides, aparecía concentrado en una capa de tan
pocos milímetros, era fácil suponer que se debía a la colisión con un asteroide
y que si éste tenía unos 10 km
de diámetro tendría suficiente iridio como el que se podía calcular existe en
la capa de arcilla mencionada.
Los efectos ambientales de la colisión de un meteorito de
ese tamaño contra la Tierra provocaría una onda termo-explosiva que produciría
devastadores incendios, lanzaría a la atmósfera una cantidad de ceniza tan
gigantesca que impediría el paso de la luz solar durante varios meses o años
inclusive y acabaría con la vida vegetal, de forma que la cadena trófica se
colapsaría pudiendo producir una extinción masiva.
Con anterioridad, en 1978, el geofísico Glen Penfield
descubrió una estructura circular con un diámetro de unos 170 km en la Península de
Yucatán y el Golfo de México, y se pensó que era de origen volcánico. Fue en
1991 el geólogo Allan Hildebrand, el mismo Penfield y otros colaboradores,
comprobaron que era un cráter de impacto que recibió el nombre de cráter de Chicxulub por hallarse esta
localidad en el centro del mismo, siendo relacionado con la extinción K/T
debido a al estudio de sedimentos en el nordeste de México. Así se confirmó la
teoría llamada impactista-megatsunami,
ya propuesta por los Álvarez, que sostiene que la extinción K/T fue prácticamente
instantáneo y global, y debida únicamente al impacto meteorítico de Chicxulub y
su posterior tsunami (el meteorito cayó en el mar puesto que Yucatán entonces
estaba sumergido todavía).
Es entonces cuando un equipo de científicos liderado por
Gerta Keller y Thierry Adatte comenzaron a investigar el registro geológico
para tratar de comprobar con certeza la teoría impactista. Tras una
investigación de 15 años, llegaron a la conclusión de que las calizas se
depositaron durante unos 300.000 años antes de producirse la extinción K/T.
Estos indicios sugieren que durante varios cientos de miles de años se produjo
una sedimentación lenta en unos mares con abundante vida planctónica, y que por
tanto el meteorito de Chicxulub no fue el causante de la extinción de los
dinosaurios.
Entonces ¿qué es lo que causó la extinción K/T? Hay otra
teoría que se ha abierto camino en los últimos años y que veremos en la próxima
entrada.


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