24 de febrero de 2013

LA EXTINCIÓN DE LOS DINOSAURIOS Y LA EXPANSIÓN DE LOS MAMÍFEROS (y III)

Cuando las catástrofes relatadas en las anteriores entradas se produjeron, habitaba en la Tierra un pequeño animalito de unos 14 cm de largo y 20 gr de peso, cuyos restos fósiles fueron descubiertos en China en 2002 y al que llamaron Eomaia scansoria (del griego “madre antigua” y del vocablo latino “trepador”).
 
Eomaia sobrevive al volcanismo y al impacto del asteroide
Parece que los animales mayores de 25 kg no sobrevivieron a los procesos volcánicos y al impacto del asteroide, la escasez de alimento, entre otras razones, no les permitió la supervivencia. Eomaia tenía el aspecto de una musaraña actual, como ésta parece que se alimentaba de insectos, vivía en madrigueras bajo tierra y por la estructura de sus manos se cree que tenía gran facilidad para trepar a los árboles, hecho inusual en aquellos momentos en los que todos los mamíferos vivían en el suelo. Estos caracteres, unidos a su pequeño tamaño, le permitieron sobrevivir en el difícil período Jurásico, dominado por los grandes reptiles, y luego a la extinción K/T.
 
Pero, además, Eomaia tenía una particularidad importante: era un mamífero placentario que vivía en la Tierra desde hacía uno 60 millones de años.
 
Con el descubrimiento del fósil de Eomaia (el mamífero placentario más antiguo descubierto hasta entonces) se creaba un problema, los cálculos realizados con filogenia molecular decían que la separación entre mamíferos marsupiales y placentarios se tenía que haber producido 100 millones de años antes, o sea hace 160 millones de años y Eomaia “solo” tenía una edad de 125 millones de años.
Eomaia scansoria
Juramaia sinensis
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Descubren Juramaia
Por fin en agosto de 2011 se publicó el descubrimiento de unos restos fósiles de un pequeño mamífero placentario que vivió en China hace 160 millones de años, también era parecido a la musaraña y de unos 17 g de peso. Le dieron el nombre de Juramaia sinensis (madre antigua de China).
 
Este descubrimiento vino a confirmar, como sugerían los análisis filogénicos, que fue hace 160 millones de años cuando se dividieron las tres ramas filogenéticas de los mamíferos: placentarios, marsupiales y monotremas. De estos primeros mamíferos placentarios descendemos todos los mamíferos placentarios actuales, entre ellos nosotros los humanos.
 
Aparición de los primeros mamíferos
Supongo que me perdonaréis el que vaya en sentido temporal inverso, pero he de seguir el orden de los artículos anteriores.
 
Por terminar con el origen de los mamíferos, éstos aparecieron a finales del Triásico, hace unos 230 millones de años, a partir de unos reptiles “mamaliformes” del Orden de los Terápsidos que a finales del Carbonífero, hace unos 350 millones de años, se apartaron del resto de reptiles. Los restos fósiles de estos Terápsidos, lógicamente, no han conservado dos de las características principales de los mamífereos: los pelos y las glándulas mamarias; pero sí han conservado las características del esqueleto, en unos casos son esqueletos de transición entre reptiles y mamíferos, siendo en otros casos ya formas de mamíferos, desarrollando un paladar secundario y una dentadura diversificada en sus formas y tamaños para cumplir distintas funciones, más o menos, como tenemos las distintas especies de mamíferos actuales.
 
Si no se hubieran producido los fenómenos volcánicos del Decán y el impacto del meteorito en Yucatán seguro que la evolución biológica se hubiera desarrollado de otra forma. Es difícil, imposible, de aventurar cómo, pero si los dinosaurios que dominaban entonces todo el Planeta no hubieran desaparecido de una forma tan drástica y “repentina” sin duda la suerte de los mamíferos hubiera sido muy diferente, aunque tenían una característica que les era muy favorable: la placenta. La aparición de la placenta hace millones de años, facilitó un desarrollo evolutivo diferente al resto de seres vivos ya que permite la alimentación, respiración y excreción del feto dentro del útero materno, prolongando el tiempo de gestación, permitiendo un desarrollo cerebral más rápido y que en el adulto el cerebro sea de mayor tamaño, además de tener una tasa metabólica más alta.
 
Sin duda las dos noticias aparecidas en la prensa el pasado 8 de febrero estaban unidas, y viene a demostrar que lo que denominamos catástrofes naturales, que sin duda nos producen grandes pérdidas en vidas humanas y en daños económicos, sin embargo, son completamente necesarias para la evolución de la vida sobre nuestro Planeta y, en este caso concreto, nos fueron muy favorables a los seres humanos.

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