Cuando las catástrofes relatadas en las anteriores entradas
se produjeron, habitaba en la Tierra un pequeño animalito de unos 14 cm de largo y 20 gr de
peso, cuyos restos fósiles fueron descubiertos en China en 2002 y al que
llamaron Eomaia scansoria (del griego
“madre antigua” y del vocablo latino “trepador”).
Eomaia sobrevive al volcanismo y al
impacto del asteroide
Parece que los animales mayores de 25 kg no sobrevivieron a los procesos
volcánicos y al impacto del asteroide, la escasez de alimento, entre otras
razones, no les permitió la supervivencia. Eomaia
tenía el aspecto de una musaraña actual, como ésta parece que se alimentaba de
insectos, vivía en madrigueras bajo tierra y por la estructura de sus manos se
cree que tenía gran facilidad para trepar a los árboles, hecho inusual en
aquellos momentos en los que todos los mamíferos vivían en el suelo. Estos
caracteres, unidos a su pequeño tamaño, le permitieron sobrevivir en el difícil
período Jurásico, dominado por los grandes reptiles, y luego a la extinción
K/T.
Pero, además, Eomaia
tenía una particularidad importante: era un mamífero placentario que vivía en
la Tierra desde hacía uno 60 millones de años.
Con el descubrimiento del fósil de Eomaia (el mamífero placentario más antiguo descubierto hasta
entonces) se creaba un problema, los cálculos realizados con filogenia
molecular decían que la separación entre mamíferos marsupiales y placentarios
se tenía que haber producido 100 millones de años antes, o sea hace 160
millones de años y Eomaia “solo”
tenía una edad de 125 millones de años.
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| Eomaia scansoria |
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| Juramaia sinensis |
Descubren Juramaia
Por fin en agosto de 2011 se publicó el descubrimiento de
unos restos fósiles de un pequeño mamífero placentario que vivió en China hace
160 millones de años, también era parecido a la musaraña y de unos 17 g de peso. Le dieron el
nombre de Juramaia sinensis (madre
antigua de China).
Este descubrimiento vino a confirmar, como sugerían los
análisis filogénicos, que fue hace 160 millones de años cuando se dividieron
las tres ramas filogenéticas de los mamíferos: placentarios, marsupiales y
monotremas. De estos primeros mamíferos placentarios descendemos todos los
mamíferos placentarios actuales, entre ellos nosotros los humanos.
Aparición de los
primeros mamíferos
Supongo que me perdonaréis el que vaya en sentido temporal
inverso, pero he de seguir el orden de los artículos anteriores.
Por terminar con el origen de los mamíferos, éstos
aparecieron a finales del Triásico, hace unos 230 millones de años, a partir de
unos reptiles “mamaliformes” del Orden de los Terápsidos que a finales del Carbonífero, hace unos 350 millones de
años, se apartaron del resto de reptiles. Los restos fósiles de estos
Terápsidos, lógicamente, no han conservado dos de las características
principales de los mamífereos: los pelos y las glándulas mamarias; pero sí han
conservado las características del esqueleto, en unos casos son esqueletos de
transición entre reptiles y mamíferos, siendo en otros casos ya formas de mamíferos,
desarrollando un paladar secundario y una dentadura diversificada en sus formas
y tamaños para cumplir distintas funciones, más o menos, como tenemos las
distintas especies de mamíferos actuales.
Si no se hubieran producido los fenómenos volcánicos del
Decán y el impacto del meteorito en Yucatán seguro que la evolución biológica
se hubiera desarrollado de otra forma. Es difícil, imposible, de aventurar
cómo, pero si los dinosaurios que dominaban entonces todo el Planeta no
hubieran desaparecido de una forma tan drástica y “repentina” sin duda la suerte
de los mamíferos hubiera sido muy diferente, aunque tenían una característica
que les era muy favorable: la placenta. La aparición de la placenta hace
millones de años, facilitó un desarrollo evolutivo diferente al resto de seres
vivos ya que permite la alimentación, respiración y excreción del feto dentro
del útero materno, prolongando el tiempo de gestación, permitiendo un
desarrollo cerebral más rápido y que en el adulto el cerebro sea de mayor
tamaño, además de tener una tasa metabólica más alta.
Sin duda las dos noticias aparecidas en la prensa el
pasado 8 de febrero estaban unidas, y viene a demostrar que lo que denominamos
catástrofes naturales, que sin duda nos producen grandes pérdidas en vidas
humanas y en daños económicos, sin embargo, son completamente necesarias para
la evolución de la vida sobre nuestro Planeta y, en este caso concreto, nos
fueron muy favorables a los seres humanos.


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